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Visitando comunidades nativas por el Valle del Yavero
06.08.2012 00:00“El machiguenga ama su territorio, pero no es esclavo de su parcela. Ha defendido su libertad frente al cauchero, al hacendado y, también, frente al misionero. Ante la disyuntiva entre tierra y libertad, el machiguenga abandona la tierra y escoge la libertad.” (P. Alfredo Encinas)
Así se ha ido escribiendo la historia de todos los machiguengas originarios del Pongo de Mainike. Muchas de las familias nativas que hemos visitado estos días de las comunidades de Yokiri, Matoriato y Kiraáteni proceden de Chirumbia y de las áreas colindantes. Estas familias se vieron forzadas por la colonización a abandonar sus tierras. Lo que era un bello monte de selva autóctona se convirtió en un triste pajonal, y los indígenas escaparon buscando nueva selva virgen, y tras mucho caminar, la hallaron. Sin embargo, hoy de nuevo, el sueño pende de un hilo... la colonización sigue avanzando, empeñada en imponer un modo de vida donde lo único que importa es la plata.
Caminando por el monte es más que evidente donde ya puso su pie el colono, su huella es imborrable... talan los árboles, construyen carreteras, queman la tierra para hacer nuevas chacras (tierras de cultivo) que no perdurarán más allá del año, echan abajo con la maquinaria pesada la montaña y rompen sus entrañas, y, como consecuencia, desaparecen ríos y bellos manantiales, y el monte se cubre de rocas; la tupida manta verde que cubría todo, da paso a una cubierta pedregosa y de arenisca como consecuencia del proceso erosivo.
Los nativos que antes vivían en abundancia de la caza, la pesca y los frutos que el monte les daba, ya no son libres, su selva les es ajena. El monte y el río ya no son su despensa, y el indígena se ve condenado a la pobreza. Abandonan su Kushma y su bello maquillaje de achote, y los más jóvenes se avergüenzas de su rica cultura. El sentido comunitario va cediendo espacio al individualismo y la cultura del “tener” les va contaminando. Sin embargo, somos afortunados, aún encontramos comuneros que mantienen muy vivos este sentido de vivir en comunidad y compartir lo que tienen, y, aunque algunos hayan abandonado sus vestimenta típicas, mantienen muy vivo el espíritu machiguenga, y aún siguen íntimamente conectados a su Pacha mama que tanto ha cuidado de ellos, saben que la deben todo y por eso la cuidan con tanto mimo.
Esta semana de peregrinaje por la Selva del Alto Urubamba, en la región del Yavero, ha sido una oportunidad de búsqueda y reencuentro: búsqueda de lo sencillo, lo bello, lo frágil y pequeño... Y reencuentro con nuestro lado más ancestral, más libre y confiado. De nuevo los más humildes nos demuestran como se puede ser feliz con bien poco.
La primera comunidad que visitamos fue Yókiri donde pasamos dos días. Son un total de quince familias que constituyen un total de unos 74 habitantes. Es una comunidad muy viva, amable y receptiva. Roberto visita estas comunidades cada dos meses, y durante sus visitas aprovecha para hacer asambleas donde plantea las problemáticas que afectan a la comunidad (gas, carreteras, planes de desarrollo, pérdida de identidad cultural...), y el jefe de la comunidad aprovecha para plantear las inquietudes y problemas que hayan surgido en ese tiempo. Roberto siempre muestra un carácter crítico y reivindicativo, y defiende con uñas y dientes los valores nativos. En la noche aprovecha para proyectarles algún documental sobre ellos mismos u otras poblaciones nativas: asháninkas, piros... donde se plantea los problemas que les atañen (pérdida de identidad cultural, pérdida de terreno, destrucción de la naturaleza, explotación de los recursos naturales de manera incontrolada...) o bien, donde se fomentan sus costumbres, leyendas y artesanía. Otro día lo dedica a reflexionar sobre el Evangelio, intentando dar respuesta a sus problemáticas a partir de éste, y reviviendo a un Jesús machiguenga, que también vestía kushma y vivía de un modo muy sencillo como ellos, y que luchó por liberar al hombre de cualquier tipo de opresión. Sin duda alguna, si Jesús se identificara con alguien sería con estas gentes. Para terminar se hace una celebración donde se comparte la yuca y el masato.
Los paisanos nos trataron con mucho mimo y nos dieron de comer arroz con porotos (guisante grandes) acompañado de yuca, además de prepararnos un café natural muy rico que ellos mismo producen aunque no les guste mucho consumirlo.
Durante el día aprovechamos para jugar con los chicos al volley y otros juegos, y enseñarles algunas canciones, aunque les costaba bastante perder la vergüenza.
El día 8 emprendimos nuestra caminata a las 6 de la mañana... ¡nos esperaba una larga jornada por delante! La primera hora de ruta se convirtió en tres largas horas de aventura por la selva... Roberto se confundió de camino, hasta que llegó un momento en que no había camino que seguir y cada uno iba trazando su senda como buenamente podía. Era una bajada en picado y demasiados obstáculos que tener en cuenta: ojo con las piedras, ojo con las raíces “zancadilla”, ojo con las ramas y hojas húmedas y ese “ras que te vas”, ojo con los troncos donde te agarrabas (podían tener hormigas asesinas, astillas o pinchos!), y no podías perder de vista las múltiples ramas con hojas ganchudas que pendían de los árboles y que quedaban justo a la altura de los ojos!... ¡demasiadas cosas a las que ir atentos! Era tal la tensión y la atención con la que bajábamos que el cansancio se multiplicaba por cuatro. Belenchu optó por bajar a “modo culo”, porque según ella es la parte del cuerpo que nunca falla... y, lo cierto, es que llegó intacta. Yo opté por el modo Tarzán y me iba agarrando de todas las lianas que encontraba... que alguna que otra vez me jugaban una mala pasada y me mandaban en dirección equivocada.
Cuando parecía que por fin llegábamos al río, nos encontramos con un pequeño barranco que debíamos salvar con una liana... ¡el colofón a nuestra triunfal bajada! No sé cómo logramos bajar todos... eso sí, mi bajada no tuvo desperdicio... acabé con un espagat involuntario porque una pierna se me quedó enganchada arriba... una posición muy cómica vista con perspectiva, pero lo cierto es que en el momento temí por mi rodilla, afortunadamente todo quedó en un susto y unas risas. Cuando ya estábamos a la orilla el río aparecieron dos paisanos de Matoriato que nos reconducieron por el buen camino, nos sin antes atravesar descalzos dos veces el río y un puente colgante que parecía que se iba a caer de un momento a otro. Proseguimos la ruta, el sol se echó encima y el calor, las horas andadas y la humedad nos hicieron pasar estragos... el camino se hacía largo. Por fin, tras 6 horas andando llegamos a una linda cascada que se dibujaba sobre roca azufrosa de color rojizo, y allí tomamos un bañito y recuperamos energías para continuar. Tras 9 horas caminando llegamos a las 15.00 a nuestro destino: Matoriato. La comunidad se sitúa en el curso del río Yavero y cuenta con una población de unos 800 habitantes, aunque encontramos pocos comuneros porque la mayoría estaba disfrutando de las fiestas Patrias, y habían viajado a sus chacras, más alejados del corazón neurálgico de la comunidad donde se suele situar la escuelita y la posta médica. El jefe de la comunidad Hillmar nos dio la bienvenida, y el técnico de la posta nos acogió en su casa para pasar la noche. Aprovechamos la tarde para pasear y disfrutar de sus magníficas vistas y sus hermosas casitas de madera y techados de hojas de palmera, es una de las comunidades más bellas que hemos visitado, y además cuenta con dos ríos cercanos, así que también pudimos disfrutar de un buen baño.
A medida que pasaba el tiempo, dejamos atrás el agobio por el tiempo y el alimento... y nos dimos cuenta de que Roberto estaba en lo cierto “Debemos confiar en la Providencia”. Confiar... ¡cuánto nos cuesta! ¡cómo nos gusta al hombre blanco tener todo bajo control! Sin embargo, nos rendimos a la evidencia... fueron apareciendo ángeles en nuestro camino... y cuándo pensábamos que no tendríamos lugar donde dormir o que quizás nos faltaría comida... distintas personas nos ofrecieron su techo y alimento, y compartieron lo poco que tenían con nosotros, aunque a penas nos acababan de conocer. Compartir es vivir, y como siempre los que más comparten son los que menos tienen.
A la mañana siguiente estuvimos con los niños que llegaron a la comunidad (algunos tienen que caminar 4 horas desde su chacra), con la mala suerte que una de las niñas se lesionó jugando al pañuelo y se rompió la clavícula... con todo lo que ello suponía, ya que necesitaría al menos dos días para llegar a Quillabamba donde podrían atenderla, y el gasto que eso supone a la familia... pero no tienen más remedio que llevarla allá, porque es frecuente que queden discapacitados por una fractura mal curada, y es una pena que le pasara eso con tan solo 9 años.
Evangelina fue otro de los ángeles caídos del cielo, que hacía honor a su nombre: era EVANGELIO VIVO. Una abuelita muy entrañable, flaquita, de pómulos marcados y bellas arrugas que dibujaban una linda sonrisa en su rostro. Evangelina ejerce de papá y mamá de sus dos nietos: Iván y Milagros, pues sus padres les abandonaron y ella se hizo cargo de ellos. Sus nietos son tan cariñosos y serviciales como la abuelita. Tanto esmero puso Evangelina por cuidarnos, que fue hasta el río Yavero a pescarnos un rico pescadito con un humildes hilo y un trocito de yuca como cebo. Con él nos hizo un riquísimo caldo que nos supo a gloria, no sé si por lo fresco que estaba el pescado o por el amor que puso en cocinarlo.
Tras dos días de convivencia con los paisanos de Matoriato, el jueves 9 pusimos rumbo a nuestro último destino: Kiraáteni. Pero justo cuando salíamos de la posta nos esperaba Evangelina con una tímida sonrisa y portando el desayuno en las manos ¡eran ni más ni menos que las 6 de la mañana! Nos sorprendió con un rico cafesito y yuca y platanitos fritos que estaban de muerte... ningún otro día emprendí el camino con tanta fuerza... ese café nos dio la vida!
La llegada a Kiraáteni nos llevó 6 horas, pero se nos hizo más ligero que los días anteriores. Allí nuestro anfitrión fue Angelino, el jefe de la comunidad... aquí los jefes son puro servicio. Angelino era un hombre de mediana edad, hablar atropellado y risa alegre y desinhibida. En su cara de claras facciones indígenas destacaban sus pómulos hinchados, especialmente el pómulo derecho donde acumulaba una pasta verde grisácea elaborada a base de hojas de coca, ceniza y la raíz de una planta. También destacan sus dientes ennegrecidos, muchos ausentes, otros dejaban al descubierto los restos de la pasta de coca que mascaba incansablemente. Angelino era pura acción, a penas paró un momento desde que llegamos, nos preparó la comida todos los días y nos cazó un siguairo (rata enorme) de sabrosísima carne como homenaje. Se desvivía por hacernos sentir a gusto.
A penas llegó gente porque no se habían enterado, así que los días en Kiraáteni fueron muy contemplativos. El ritmo de la vida se rarentizó. Nos sentamos a la sombra del pangochi y disfrutamos con los pequeños detalles: escuchando los majestuosos sonidos de la Selva, observando a una mamá, adornada con lindos collares de semillas y huesos y con un naricero, dando el pecho a su hijita, viendo a una joven alimentar con sumo cuidado a unos pajarillos recién caídos del árbol o los niños jugueteando y mirándonos desde las esquinas... esos pequeños detalles que suelen pasar desapercibidos pero que son los que dan sentido a todo. La noche era un auténtico espectáculo: los sonidos de los insectos y aves nocturnas eran aún más variados que por el día, las estrellas centelleaban en el cielo y las luciérnagas bailaban en el ancho cielo iluminando todo con su luz parpadeante. ¿Cuánta magia puede haber encerrada en un solo instante?
Tras pasar en Kiraáteni dos días, marchamos a Huillcapampa, y lo que en principio serían 2 horas se convirtieron en 4 horas. En nuestro trayecto pudimos observar las terribles consecuencias que la construcción de carreteras está teniendo en estos majestuosos montes.
En el camino encontramos un motorista que se ofreció a acercar a Roberto hasta Huillcapampa, y desde allí podría acercarse a por el carro, nosotros proseguimos con paso alegre.
Recién llegamos a Huillcapampa, un pueblecillo a medio hacer, al estilo del oeste, entramos a una tienda y allí nos deleitamos con un par de huevos fritos que nos sentaron de escándalo. De allí partimos Yókiri donde teníamos que recoger a una comunera que había caído enferma, Asunción, estaba sangrando y necesitaba viajar a Quillabamba. Al parecer, padecía de miomas, y seguramente necesitaría de cirugía.
Esperemos que muy pronto se mejore.
Así terminan nuestro días de peregrinaje en la Selva del valle del Yavero, de vuelta a Koribeni con alguna que otra garrapatilla (pillada a tiempo), picotazos de nuestros queridos mosquitos y avispas, y algún que otro rasguño en las piernas, pero con la mochila cargada de aventuras y recuerdos que perdurarán por siempre en nuestra memoria.
“No os preocupéis por el mañana, cada día tiene su propio afán”
Llueve en la Selva...
01.08.2012 08:16Amanece un nuevo día adornado con una espesa niebla y una dulce lluvia marca el ritmo de la orquesta. Algún atrevido pajarillo aún revolotea entre las ramas de los árboles y se une a la melodía con su canto. El traqueteo de las gotas cayendo sobre las hojas marca el ritmo de mi corazón. Siento como la sangre de la Pacha mama bombea por mis venas; las aves, la tierra, las montañas, las nubes... todos vibramos a un mismo son.
Caen las gotas con más fuerza y se acelera el ritmo... las láminas de metal que cubren el techo amplifican el sonido, y, sin embargo, entre el clamor de la orquesta… siento una profunda Paz.
Súbitamente cambia el ritmo. Las gotas caen con más suavidad deslizándose por la maleza, y, de nuevo, se escucha a los pajarillos cantar. Nada ni nadie se salta el compás. Todo está en orden en la Selva. Todo está en calma. Tasorintsi sopla su espíritu sobre los ríos, las plantas y los animalitos, llenando todo de vida.
Bendita Amazonía, en tu seno guardas tesoros incalculables, en ti todo es Sagrado, en ti todo es Eterno.

Curso al profesorado en Koribeni: “Sois la sal, sois la luz”
30.07.2012 18:19Así comenzamos nuestro curso al profesorado en Koribeni, y, efectivamente, nos encontramos repletos de sal, e irradiados por una cálida y vibrante luz.
Las horas de trabajo y toda la ilusión que pusimos en este pequeño proyecto se vieron recompensadas con creces.
Fueron cinco intensos días de aprender, compartir y convivir. El curso se desarrolló en Koribeni, pero vinieron profesores de las Comunidades más apartadas además del propio profesorado del colegio de Koribeni, todos perteneciente a la red de escuelas del Vicariato de Puerto Maldonado: RESSOP (Red Escolar de la Selva del sur oriente Peruano). Empezamos con muchísimas ganas de conocer a nuestros colegas peruanos aunque también teníamos bastante inquietud pues no sabíamos cual iba a ser su respuesta.
El curso giró en torno a distintos temas, pero siempre intercalábamos las charlas con dinámicas, juegos, canciones y videos, que, además de agilizar el trabajo, suponía una nueva fuente de recursos para los profesores de cara a sus clases y tutorías.
Uno de los temas pilares del curso fue la elaboración del Proyecto Educativo Institucional: PEI. Partimos de una reflexión crítica y seria del contexto social y cultural, para elaborar un PEI realista, acorde con la situación de Koribeni y de las distintas Comunidades, y que no fuera un simple panfleto, un “corta y pega” del modelo elaborado por el Ministerio de educación. Fue tiempo de reflexión, de autocrítica y de búsqueda de consenso, pero también, cómo no, tiempo de soñar y compartir.
Contamos también con la grata visita de Nicademor, el director de la RESSOP, quien dio una charla magistral. La frase con la que abrió su discurso resume muy bien su mensaje: “El hombre que no conoce su historia es un desgraciado”. Nos habló un poco sobre la historia de la zona, desde el Imperio Inca, el colonialismo, la invasión de los quechuas hasta la actualidad. Hizo una gran reflexión sobre las consecuencias de los Megaproyectos que están afectando a esta región del Urubamba: el gas de Camisea y la construcción de la Carretera interoceánica, que están poniendo en riesgo el Patrimonio natural y cultural de las Comunidades, así como la salud de los nativos que aquí habitan. Ambos proyectos están incentivando la explotación forestal legal e ilegal, el narcotráfico y la extracción de gas natural… y, mientras se va devastando el gran pulmón de la tierra, y una de las zonas con mayor biodiversidad del planeta… los países ricos se llenan de plata los bolsillos, sin importarle el futuro de las generaciones venideras ni de los nativos que durante tantos siglos han vivido en paz en estas tierras. Nicademor exhortó a los maestros y profesores a ser constructores de una nueva sociedad más justa, libre y activa… A pesar de los kilómetros de distancia que nos separan, nuestros colegas peruanos deben compartir este compromiso, común a todos los maestros, de ser generadores del cambio.
Dentro del PEI hicimos un gran paréntesis y dedicamos varias sesiones a la metodología educativa, uno de los puntos flacos del sistema educativo peruano. Dada la velocidad a la que está cambiando la sociedad peruana es urgente renovarse para poder responder mejor a la gran diversidad de alumnos y a sus múltiples problemáticas (nutrición inadecuada, largas distancias para llegar a la escuela, absentismo escolar, desintegración familiar, abuso del alcohol por los padres y desatención a los hijos, falta de identidad cultural, baja motivación…). Renovarse es un requisito imprescindible de enseñar, debemos renacer y buscar nuevos caminos, nuevas formas de llegar a nuestros alumnos... ¡Ellos son la esperanza de un mundo más justo para todos! Todo esto me lo digo también a mí misma, pues este curso me ha hecho también reflexionar mucho sobre mi labor docente… y es que no hay mejor forma de aprender que enseñando.
Abordamos diferentes temas referentes a metodología: habilidades de comunicación, constructivismo y aprendizaje significativo, diseño de unidades didácticas, técnicas de estudio, trabajo cooperativo, modificación de conductas en el aula y atención a la diversidad. Otros temas que abordamos con mayor profundidad durante el curso fueron: elaboración del proyecto curricular del centro (PCC), sistemas de evaluación en el aula y de los proyectos, y elaboración de proyectos de innovación (interculturales, medio ambientales, de solidaridad, ciencia, animación a la lectura,...).
Insistimos especialmente en la importancia de:
- Querer a nuestros alumnos.
- Potenciar la identidad cultural de nuestros alumnos como punto clave en su felicidad, partiendo de que debemos ser verdaderos artistas, capaces de sacar los mejor de cada uno de nuestros alumnos, siendo ellos los que elijan su opción de vida y no nosotros.
- Amar nuestra profesión.
- Evaluar nuestra tarea como docentes y ser siempre autocríticos.
- Ser tutores emocionales y modelos para nuestros alumnos.
- Fomentar el pensamiento crítico y la autonomía de nuestros alumnos.
- Potenciar el trabajo en equipo y la solidaridad en el aula.
- Tener siempre una actitud esperanzadora.
Para terminar nos hicieron una fiesta de clausura que fue muy emotiva: prepararon cantos y danzas machiguenga
y quechuas, poesías, obras de teatro en torno a la problemática nativa… y finalmente nos dijeron una bonitas palabras de agradecimiento y nos regalaron unas shakiras preciosas, dándonos las gracias por haber sido sal y luz para ellos ¿se puede decir algo más bonito? Ojalá que todos los maestros y profesores seamos sal y luz para el mundo.
La sal no parece gran cosa, pero comienza a producir sus efectos, precisamente, cuando se mezcla
con los alimentos y parece que ha desaparecido. Lo mismo sucede cuando se enciende una luz: sólo puede iluminar cuando la ponemos en medio de las tinieblas. Como bien dice J.A. Pagola: “Jesús no está pensando en una Iglesia separada del mundo, escondida tras sus ritos y doctrinas, encerrada en sí misma y en sus problemas. Jesús quiere introducir en la historia humana un grupo de seguidores, capaces de transformar la vida viviendo las bienaventuranzas.” Ojalá seamos capaces de llevar la alegría y la esperanza a todos los rincones del mundo, sin perder la sencillez y la humildad de la sal, que no se hace notar, sino que se disuelve con el alimento, haciéndose parte del mismo.
Han sido cinco días muy intensos en los que hemos compartido mucho más que conocimientos… nuestras inquietudes, nuestros miedos, sonrisas, bailes, canciones, juegos y sobretodo mucha ilusión y cariño. Está claro que el Amor es la única cosa que crece cuando se comparte… y gracias a Dios, es lo que hemos podido vivir estos días.
¿Condenados a perder su identidad?
26.07.2012 08:14La basta región del Perú se divide en tres zonas: la costa, la sierra y la selva, tres mundos completamente disintos, y de ellos, el más olvidado: LA SELVA. La región selvática del Alto Urubamba, donde estamos, antes era ocupada por los indígenas, pero los colonos Quechuas que antes vivían en la zona de la Sierra fueron bajando de sus lugares de origen y desplazando a las etnias autóctonas de la Selva alta, como fueron los matxiguengas.
La misión de Koribeni es un punto de referencia para todas las Comunidades nativas y Roberto las visita con bastante frecuencia. El hombre de la Sierra lo ha invadido todo y se ha apoderado hasta del mismo Pongo de Mainike, uno de los ríos más caudalosos y más temidos por los matxiguengas, y ha comenzado la invasión más debajo de él.
En el Alto Urumbamba, donde estamos, las comunidades nativas son islas en medio de un océano de invasión colona, son 18 comunidades en la actualidad.
Esta Misión fue fundada por el Padre Pío Aza en 1.918. A pesar de estar alejada, está bien comunicada, está en la línea carretera que une Quillabamba con Ibochote. Tiene una extensión de 3.675 ha. Es una comunidad bastante pobre. Las familias siguen manteniendo su costumbre de no vivir apelotonados como los panales de la gran ciudad, y les gusta vivir más aislados y mantener su intimidad familiar. Cultivan café, cacao, plátano y achiote (parecido a la patata).
El Complejo escolar de Koribeni es un centro de referencia para otras comunidades. Hay una escuela fundamental (equivalente a pre-escolar), otra de primaria y otra de secundaria. Además, hay dos internados para los muchachos que viven en zonas más apartadas. Las madres dominicas están a cargo de uno de ellos. La escuela forma parte de la red de escuelas del Vicariato de Puerto Maldonado: RESSOP (Red Escolar de la Selva del sur oriente Peruano). Cuando teníamos algún rato libre aprovechábamos para dar apoyo escolar a los chicos del internado, ahora están de fiestas Patrias. La mayoría de los chicos del internado son matxiguengas de familias muy humildes, así que a cambio de estar en el colegio muchos padres ofrecen arroz, papas o algún otro producto de su cosecha. Los chicos nos han acogido fenomenal, desde el primer momento se echaron a nuestros brazos, lo cual sorprende bastante cuando conoces la realidad de las comunidades que suelen ser bastante cerradas, sin embargo, Koribeni es la excepción que marca la regla. A nivel académico, llama la atención los contenidos tan profundos que dan, que distan mucho de su nivel curricular real. Les mandan hacer potencias imposibles, o aprenderse todos y cada uno de los elementos de la tabla periódica (incluidos los lantánidos)…y luego te preguntan cosas como: “¿EEUU es un planeta?”…¡Un sinsentido! Las mayores dificultades que presentan son en ortografía y comprensión lectora, y esto último es lo más preocupante. Sólo la cultura nos hace libres, y la pérdida de identidad cultural va unida irremediablemente a la pérdida de la propia cultura, condenando a estas gentes a vagar perdidos y a ser alienados por todo lo occidental, perdiendo sus valores y costumbres y siendo contaminados por el más puro capitalismo. Sólo la lectura y la educación les puede conducir a valorar, amar y defender lo que les es propio. Sólo forjando unos ciudadanos conocedores de las riquezas de su Patria, críticos y libres, el Perú podrá mantener su enorme riqueza cultural, pero todo lo que no se conoce acaba cayendo en el olvido.
En las comunidades el problema se agudiza aún más, porque un mismo profesor tiene que atender a niños de muy distinto nivel, y los niños faltan con mucha frecuencia a la escuela porque deben caminar incluso tres horas selva a través para llegar a su destino. Las comunidades quedan olvidadas y el Estado las ignora por completo… y cuando llegan los colonos de la Sierra, los matxiguengas, tremendamente pacíficos, no luchan por sus tierras, sino que se van desplazando a otras zonas, en busca de un nuevo hogar. ¿Qué ocurrirá cuando no les queden más recónditos lugares donde escapar?
Formas de morir en la selva
22.07.2012 14:08Aquí os dejo una recopilación de algunas formas de morir o al menos salir malherido en la Selva… así nos animaban antes de empezar nuestra caminata… ¡echémosle un toque de humor!
- Que salga a tu encuentro Matsontsori, o para nosotros el Señor de la Selva: el Tigre… no hay muchas opciones de escapar, puedes arriesgarte a quedarte parado, esconderte o si no te dio tiempo a escapar te comerá a bocados o como poco te dejará malherido.
- Que te ahogues en el río y recuperen tu cuerpo destrozado por las pirañas.
- Que te pique un abejorro azul, y te trasmita la Uta (parecido a lepra)… y esto me lo dijo Roberto recién me acababa de picar uno! ¡para que veais qué animos!
- Que contraigas la rabia por la mordedura de un murciélago (al parecer gran parte de una comunidad ha muerto por esta causa, al menos eso se cree porque no se pueden hacer autopsias)… Os podéis imaginar... ahora dejamos una distancia de seguridad muy prudencial cuando vemos alguno…
- Que caiga el bus o el carro donde viajas y te despeñes, debido a la conducción imprudente, y, especialmente, al mal estado de las carreteras. Así que, según Rafa, mejor viajar de noche y así no eres consciente de por dónde viajas.
- Que te coman poco a poco a bocados las catitoris (hormigas carnívoras) si te descuidas echándote una cabezadita.
- Que te pique una víbora y estés demasiado lejos de la Comunidad para encontrar un antídoto…por lo que…¡muerte súbita! Consejo de Roberto: mejor no ir el 2º ni el 3º. El 1º despierta a la víbora y ataca a los dos siguientes en la fila… así que… ¡mejor evitar esos puestos!
- Ahogado en el río Pongo y que los espíritus de los muertos te arrastren hacia el fondo porque te quieren retener con ellos.
- Que te pegues un traspiés y te claves tu propio palo en el ojo, o bien se lo atravieses al de atrás.
- Con esta paisaje tan accidentado… ¡ras que te vas!… y te desnucas o caes ladera abajo.
- Cruzando uno de los múltiples ríos o barrancos por los troncos resbaladizos cubiertos de musgos y… ¡otro ras que te vas!
- Encuentras en tu camino una maraña de ramas de la famosa Camona… CABRONA!!! Y acabes una de dos: sin ojo o atrapada entre sus pinchos.
- Mucho cuidadito con dejar ciertas puertas abiertas… y observa bien por donde te mueves… Vas a coger los cubiertos del armario y te encuentras una araña grande, negra y peluda, que perdió dos patas en la batalla… y que tiene toda la pinta de ser muy venenosa…
Afortudamente, a pesar de estos ánimos, hoy, podemos decir, que hasta el momento somos unas supervivientes, jajaja…
Aunque todo sea dicho, y a parte de bromas… los supervivientes son los nativos de aquí, que a pesar de la escasez de recursos y de las largas distancias que tienen que andar para conseguir algo de caza, no pierden esa risa desinhibida a la par que discreta y esa increíble fortaleza que les hace superar cualquier obstáculo. Y especialmente los niños... que a veces necesitan andar dos o tres horas para llegar a su escuela, y atraviesan la selva ellos solitos, a veces con tan solo 5 o 6 añitos... ¡ellos si que son unos supervivientes!
Y aquí la prueba de que llegué sana y salva ;)
El Santo Grial de los matxiguengas
18.07.2012 08:05El masato es la bebida por excelencia de los matxiguengas, y también su comida y alimento básico en momentos de poca caza, que cada vez son más, y más frecuentes.
La preparación del masato constituye un ritual diario. Las mujeres se sientan con canastas llenas de yucas, y con afilados machetes las cortan y pelan la corteza. Las cortan en cachitos y los echan en peroles sobre fuego de leña. Una vez ha hervido, la machacan hasta convertirla en una pasta. Las mujeres y las niñas la mastican y la vuelven a escupir dentro del perol. Después, dejan que el mejunje fermente.
Los indígenas beben el masato diariamente. Nada más llegar a cualquier comunidad o pequeña choza es lo primero que te ofrecen, es un símbolo de acogida y bienvenida, así que nunca se debe rechazar su ofrecimiento. Si percibes que el mejunje está demasiado fermentado, porque ya lleva varios días hecho, puedes simular que lo bebes, inclinando el perol a la vez que te mojas los labios, de todas formas, no suele sentar mal. He de decir que desde que llegué le he ido cogiendo el gusto, aunque he de reconocer que como más rico está, a mi parecer, es cuando está poco fermentado porque a penas se percibe acidez y está muy bueno. Además, después de horas de caminatas, el masato te recarga las pilas, ya no te importa cómo te lo sirvan... o si el perolo está sucio... o huele un poco fuerte... todo va... ¡pa´ la saca!

Visitando Tipeshiari
14.07.2012 13:41Después de un largo viaje con parada en Lima, Cusco y Quillabamba, el día 8 llegamos a Koribeni donde nos acogió el misionero F. Roberto. A penas nos dio tiempo a asentarnos en nuestra nueva casa y conocer un poco a los chic@s y a los profesores con los que trabajaremos y compartiremos bastante tiempo, porque el martes día 10, poníamos rumbo a Tipeshiari, una de las comunidades más alejadas que visita Roberto cada dos meses.
Tipeshiari fue visitada por primera vez en 1997 por Pedro Rey. Es una comunidad muy aislada, que está en una zona muy alta. En la subida necesitamos dos etapas: el primer día andamos dos horas, e hicimos nuestra primera parada en un sitio de ensueño, en casa de una matxiguenga muy acogedora: Selmina. Allí dormimos en medio de la montaña, en una choza de madera y hoja de palma (kapi), ¡una auténtica aventura! A penas pudimos dormir por la noche porque se nos clavaban todas las rocas, eso sí… ¡armamos un auténtico jaleo para montar nuestras mosquiteras y sacos! Fue todo un espectáculo para los matxiguengas, que nos miraban anonadados y se reían tímidamente en la oscuridad. Tan solo cenamos un trozo de pan, y a la mañana siguiente sin desayunar salimos a andar…7 largas horas por la selva, la mayoría subida… nos flaquearon un poco las fuerzas porque Roberto no nos dejaba a penas un respiro, y no podíamos perder el ritmo, y la falta de alimento y sueño empezaba a hacer estragos.
En nuestro camino nos acompañaban algunos matxiguengas… cargando kilos de lentejas, pasta, arroz y azúcar a la espalda… y te sentías como una autentica floja al verles a ellos con tanta carga colgada de la cabeza y subiendo descalzos y descalzas… sin duda ¡están hechos de otra pasta! Gracias al masato (yuca fermentada) y a un trocito de yuca que nos ofrecieron, recobramos energías y seguimos selva arriba…
Cuando pensábamos estar cerca de nuestro destino, tras 5 largas horas andando…nos encontramos con una zona de la selva que había sido arrasada completamente para construir la nueva escuelita de la comunidad… y estaba llena de troncos, espinos y una planta con espinas llamada camona (a la que Roberto llama “la cabrona” y no es para menos!!!) … así que, allí nos vimos, haciendo equilibrismos entre los palos y troncos caídos, para intentar no caer en las espinas en esa manta sin fondo de ramas secas que cubría todo… fue divertido… aunque en el momento lo pasamos realmente mal… y, a veces, no veíamos por donde avanzar… el cansancio causaba más tropezones de lo normal así que los rasguños fueron inevitables. A pesar de todo, logramos atravesarlo y seguir andando selva a través.
Las dos últimas horas, hasta llegar a la comunidad, se nos hicieron eternas… William, otro matxiguenga que nos acompañaba nos decía “cerquita”, “cerquita”… pero ¡nunca llegábamos!
Carmen puso a prueba su vértigo pasando por los troncos que nos permitían atravesar los riachuelos y barrancos… y, al final, ¡se hizo toda una experta! Casi perdíamos las botas en el barrizal, que muchas veces parecían arenas movedizas... por lo que, cada vez, pesaban más los pies entre el cansancio y el barro.
Finalmente, llegamos a nuestro destino donde nos esperaba toda la Comunidad para comer… ¡y tocaba festín! ¡Habían cazado cuatro monos! La verdad que lo comimos porque había bastante hambre, después de tanto tiempo sin comer y tantas horas andando no hacíamos ascos a nada. El olor era un poco fuerte, pero hicimos de tripas corazón… además que, afortunadamente, nos dieron las mejores partes… y no vimos los pelos negros y las manos del mono (que hubiera sido muy desagradable); es más, nos tuvieron engañadas hasta el último momento, todos estaban compinchados con Roberto para hacernos creer ¡que lo que comíamos era jabalí!
Al día siguiente pasamos el día con ellos, nos enseñaron sus danzas típicas con la tambora y sus cantos… e incluso los más pequeños nos prepararon un pequeño baile, fue muy bonito. La verdad que son bastante vergonzosos, se nos quedaban mirando con los ojos como platos y poco a poco se acercaban, te espiaban desde alguna esquina, alguno te sonreía… necesitaban un poco de tiempo, pero finalmente te hacían sentir como en casa. Los niños eran sencillamente encantadores, muy lindos, tiernos e inocentes, tenían grandes ojos negros, un poco rasgados y una mirada intensa y dulce, adornaban sus cuellecitos con lindos collares de semillas y colmillos de mono que ellos mismos hacían, y se vestían con Kushmas (su vestimenta típica) que lucían con mucho salero.
El entorno de Tipeshiari era todo un Paraíso, rodeado de montañas tapizadas por completo de verde, selva en estado salvaje, y algunas pequeñas nubes se enganchaban en las cumbres como acariciándolas… belleza en estado puro. Era fácil quedarte embelesada mirando a los niños con su Kushmas correteando, y a las mamas con sus bebes colgando… rodeados de esa naturaleza salvaje.
Sin embargo, las petroleras ya han llegado y sus primeras consecuencias ya han salido a la luz… estas gentes antes vivían de lo que la “Pacha mama” (como ellos llaman a la Madre Naturaleza) les ofrecía en abundancia, pero con la llegada de las petroleras, los ríos se han contaminado, y los peces comienzan a extinguirse… la caza ha disminuido mucho, y muchos niños sufren de desnutrición, tienen una dieta muy pobre que se basa en la yuca, y si hay suerte, una vez por semana carne… que no es suficiente para sus pequeños cuerpecitos que están en pleno desarrollo. No comen nada de fruta, así que la gran carencia de vitaminas en su dieta, hace que la mayoría tengan problemas de encías y muchos no lleguen a desarrollar los dientes. Además, debido a que están débiles y a que el frio arrecia en la noche, muchos caen enfermos, y en muchos casos se suele complicar en una tuberculosis.
Los miro fijamente… y les observo como se mueven con esa delicadeza… y me pregunto si llegaremos a tiempo… ¿Llegaremos a tiempo? ¿Cambiaremos a tiempo? ¿Seremos capaces de hacernos pequeños y humildes, dejando atrás los resquicios del Imperialismo y nuestra actitud de superioridad, y dejarnos empapar por estas gentes sencillas que viven en paz y armonía con la Pacha mama? Ojala así sea.
Los locos de la colina destino a Koribeni...
02.07.2012 23:35"Y la colina se llena de locos, que miran hacia abajo y ven a los cuerdos vivir su rutina, pagar sus cuentas, salir con el mismo pie cada mañana. Y los cuerdos se lo creen y siguen en su cordura y creen que son felices porque sus ojos están bien cerrados. Y a veces, los locos los envidian porque dentro de su alma cansada y maltrecha desearían bajar de la colina si no supieran que allá abajo todo es fabricado, vendido y comprado."
